La
motivación para el crimen es una de las peculiaridades principales del
feminicidio en relación a otros tipos de homicidio.
Según
Diana Russell, a quien se atribuye la popularización de la palabra
“feminicidio” (“femicide” en inglés”), algunas de las motivaciones
principales para estos asesinatos son la ira, el odio, los celos y la
búsqueda de placer.
Otras
variables que Russell considera relevantes son la misoginia, el sentido de
superioridad de género y la concepción de las mujeres como posesión. Estas
variables se transmiten culturalmente y favorecen la violencia de los hombres
hacia las mujeres.
Por
otro lado, los asesinatos de mujeres en el ámbito de la pareja también están
ligados, estadísticamente, al consumo de alcohol o de otras drogas por parte
del homicida, si bien estas acciones no pueden ser atribuidas solamente a un
fenómeno puramente bioquímico.
En general se entiende que el feminicidio es el asesinato
intencional de una mujer por el hecho de ser mujer, pero las definiciones más
amplias abarcan todo asesinato de una niña o una mujer. Perpetrado generalmente
por los hombres, pero a veces pueden estar involucradas mujeres integrantes de
la familia.
Hablar de feminicidio implica un gran reto dado a la
recopilación de datos de homicidios; en la mayor parte de los países es ambigua
porque no se cuenta con la información necesaria que notifique la relación
víctima-perpetrador y los motivos del homicidio, mucho menos la motivación del
asesino. Si bien hay factores de riesgo que motivan al asesino a cometer un
feminicidio, hay situaciones que, incluso no existiendo los factores, terminan
en homicidio no siendo como tal un asesinato, incrementando las estadísticas de
feminicidios.
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